Luis Fuenmayor Toro /
· “No existen derechas ni izquierdas, ésa es una clasificación del pasado”, oí decir hace muchos años, y repetir luego muchas veces, por gente muy preparada y con profundos argumentos. “Eso fue de la revolución francesa, pero con la caída del muro de Berlín se terminó de acabar”, oí en los años noventa, hace apenas treinta y tantos años, lo que lo hace reciente en términos históricos. Recordemos que la Tierra tiene 4.540 millones de años y el homo sapiens sapiens tiene unos 300 mil años. Sin embargo, hoy todo el mundo, en todo el mundo, habla de izquierdas y derechas, y de todos sus matices. Parece que no se han enterado de que las mismas habían sido enterradas por no sabemos cuáles sabios.
· Así mismo, fui testigo del llamado “Fin de la historia” de Fukuyama, que, independientemente de que la práctica y la vida demostraban que era totalmente falso, tuvo muchísimos seguidores, generalmente del campo político e ideológico conservador, “gente de derecha y de ultraderecha”, que ante la victoria del capitalismo estadounidense sobre el “socialismo real”, pensaron que se trataba del final de la guerra y no de una más de las batallas de esa guerra, en la cual sí fue verdad que triunfó el capitalismo neoliberal.
· Otro tanto ocurre con el imperialismo y el anti imperialismo, conceptos para algunos totalmente “desfasados”, atrasados, caducos” y enarbolados sólo por políticos fracasados, los chavecistas en nuestro caso, que no entienden que esos conceptos ya “desaparecieron y fueron enterrados”, posiblemente por los mismos que enterraron los conceptos de izquierda y derecha. En enero, no fue el imperialismo yanki el que nos invadió y bombardeó, destruyó instalaciones, asesinó venezolanos, secuestró al presidente y a Cilia Flores, y hoy se apropia de nuestras riquezas porque puede hacerlo. Fue el “no sé qué” yanki, quien nos invadió, ese mismo “no sé qué” que bombardea Irán, Yemen y África, y que amenaza a Cuba y quiere apropiarse de Groenlandia y Canadá. Pero no existe.
· Una cosa es decir que Venezuela está en el hemisferio occidental, en el mismo continente de EEUU, y que no los ha debido enfrentar irresponsablemente, como lo hicieron los gobiernos de Chávez y Maduro, en lugar de privilegiar las relaciones comerciales y de todo tipo con ellos, por cuestiones geográficas y geopolíticas e interés también de Venezuela, y otra cosa es aceptar como buena la sumisión total ante el “no sé qué” estadounidense. No son nuestros protectores, ni los defensores de nuestra libertad, ni de nuestra democracia. Actúan según sus intereses egoístas.
· Hoy, nuestras relaciones con EEUU son del tenor de quienes han sido derrotados en un enfrentamiento militar. Su ejército, al derrotar a Venezuela, derrotó también a la unidad cívico-militar-policial, a las milicias, a los colectivos y al PSUV. Esto no hay que argumentarlo, está delante de nuestros ojos. La dirigencia del gobierno que quedó al mando, escogió la vía diplomática para enfrentar la situación y así evitar mayor destrucción del país y mayor sufrimiento de la nación venezolana. Con excepción de Colombia y Brasil, estuvimos solos en esa lid. Nadie, ni siquiera los “guerreristas”, que prometieron un Vietnam en Hispanoamérica, están en guerra. De paso, les recuerdo que el combativo y valiente pueblo de Vietnam tenía fronteras con China y Rusia, mientras que nosotros tenemos otras fronteras.
· El camino escogido a juro fue el de la resistencia diplomática, basado en acuerdos y conversaciones, que no se están dando entre iguales. Fuimos obligados a negociar y los términos los ponen ellos: nuestro supuesto “nuevo aliado y mejor amigo”, y para algunos nuestro “protector”. Aquí cerquita tenemos a Puerto Rico, para mirarlo y ver con le ha ido en su condición de protectorado.
· Esa resistencia implica unidad nacional, algo que los extremistas mariacorinos no quieren, pues ellos están totalmente al lado del “no sé qué gringo. Lo curioso y alarmante no es eso, pues sabíamos que se iban a comportar de esa manera. Tampoco lo es, la presencia en la Asamblea de diputados que dicen haber roto con el extremismo mariacorino, pero que coinciden en evitar la unidad y trabajan sólo en función de sus bastardos intereses grupales.
· Lo terrible es que dentro del PSUV y de los diputados del sector oficial de la Asamblea, haya extremistas que actúen como si el 3 de enero no nos hubieran bombardeado y derrotado. Ignoran lo ocurrido y hacen más difícil el recorrido de la tortuosa vía, que recorre la nación dirigida por Delcy Rodríguez. ¿Acaso tienen otra ruta en mente? Pues que la digan, para ver si es posible o sólo la continuidad de los fracasos que nos llevaron a dónde estamos. Hay que dejar de lado los deseos, pretensiones y reconcomios. Siempre hemos llamado a la sensatez. Hoy, llamamos a la sensatez a quienes dentro del campo chavecista disienten de la política de acompañar a la nación, en la búsqueda del rescate de la soberanía perdida.

